“La célula es inmortal. Es realmente el fluido en el que flota, básicamente agua, lo que degenera. Renovando este fluido a intervalos, brindaríamos a las células lo que necesitan para su alimentación y, hasta donde nosotros conocemos, el pulso de la vida continuaría para siempre”

El autor de esta frase fue Alexis Carrel. Biólogo, médico, investigador científico, eugenista y escritor francés. Por sus contribuciones a las ciencias médicas fue galardonado con el premio Nobel de Fisiología i Medicina en 1912.

Vamos a adentrarnos, en este post, en el mundo microscópico que sostiene la vida: las células y el ambiente en el que viven, trabajan, se mueven y se alimentan:

El Sistema Intersticial, también denominado intersticio, tejido intersticial, matriz extracelular, sustancia fundamental, espacio hístico o vía de tránsito, es un espacio por donde circulan todas las sustancias que se intercambian entre la sangre y las células de los diferentes tejidos.

Este espacio hístico está constituido por una serie de sustancias y células, entre las que destacamos fibroblastos, linfocitos y macrófagos (células del sistema inmunológico), que flotan en una especie de “magma” compuesto por agua, minerales, electrolitos, ácido hialurónico y proteínas.

A esta sustancia fundamental se le atribuyen propiedades tixotrópicas. Tiene un comportamiento extraordinario, puede presentar dos estados, uno más gelatinoso (sustancia fundamental pobre en agua) o más líquido (sustancia fundamental rica en agua) y desarrolla la capacidad de pasar de un estado a otro (de líquido a gelatinoso y viceversa), por la aplicación de ligeras presiones, con movimientos cutáneos o vibraciones suaves.
También encontraremos en ella fibras del tejido conjuntivo laxo, como por ejemplo fibras reticulares, de colágeno o elásticas, todas ellas destinadas a dar soporte, tensión y elasticidad a los tejidos. Y será  la precursora de lo que conocemos como linfa.

La linfa es un líquido formado por agua, proteínas, sales minerales, macromoléculas de grasa, diferentes células linfáticas, residuos varios y también es el vehículo que utilizará nuestro sistema inmunológico.
Todas y cada una de las estructuras que integran este desconocido microcosmos que nos inunda interiormente son importantísimas para mantener el equilibrio de los fluidos en un organismo vivo, pero vamos a centrarnos únicamente en describir, de menor a mayor complejidad, los conductos que transportan la linfa en el interior de nuestro organismo:

La linfa, según la teoría de Guyton, uno de los grandes investigadores de la fisiología médica, se forma en el espacio hístico, a través de la dinámica existente entre los líquidos intersticiales y los capilares sanguíneos y linfáticos. Según Guyton, toda aquella parte del líquido intersticial que penetra en los vasos linfáticos, es la que podremos considerar como linfa.

Una vez formada esta linfa, es “absorbida” por una serie de canales denominados prelinfáticos, que conducen la carga hacia los capilares linfáticos, otorgando así al sistema linfático un calificativo de sistema circulatorio abierto.

Los capilares linfáticos tienen forma de saco ciego y forman una red en el espacio intersticial, uniéndose unos con otros, formando vasos de mayor calibre. De los capilares linfáticos pasamos a los precolectores dónde ya localizamos las primeras válvulas, que permiten que el flujo linfático se desplace de manera unidireccional.
De los precolecores, pasamos a unos conductos de mayor tamaño denominados colectores, que llevarán la linfa hasta las diferentes estaciones de filtrado, denominadas ganglios linfáticos.
Los ganglios linfáticos se sitúan en el trayecto de los vasos linfáticos y aunque tienen una forma y tamaño diferente, su función es la misma: depurar y modificar la composición de la linfa.
Por último, toda la linfa se reúne en diferentes troncos linfáticos, que tienen la función de drenar zonas amplias del organismo y de ahí, hacia los dos grandes conductos linfáticos:

  • El conducto linfático derecho o gran vena linfática, que recoge la linfa de la mitad derecha de la cabeza y cuello, extremidad superior derecha y el lado derecho del tórax.
  • El conducto torácico, que se inicia en la Cisterna de Pecquet y recoge la linfa del resto del organismo.

Toda la linfa ya depurada se vuelve a verter al torrente sanguíneo, a nivel de la zona subclavicular, en el espacio conocido como “Términus”.

Tener un Sistema Intersticial renovado y un Sistema Inmunológico capaz de defender cualquier zona de nuestro organismo, se debe en gran parte a la movilidad de la linfa, que facilita la eliminación de residuos, toxinas y diferentes elementos difíciles de retirar, que pueden afectar a la nutrición y funcionamiento correcto de las células.

Este mecanismo fisiológico que poseemos y que suele ser tan poco conocido, es de vital importancia para el mantenimiento de la vida.

El Drenaje Linfático Manual, es la técnica adecuada para tratar las alteraciones del sistema linfático de forma específica. Se encarga, mediante movimientos suaves y rítmicos, de presionar la superficie de la piel, modificando así la textura de la sustancia fundamental, convirtiéndola de gelatinosa en líquida, y favoreciendo la eliminación y filtración de sustancias, influyendo así en el equilibrio de los líquidos en nuestro organismo.

Curso de Drenaje Linfático Manual

Bibliografía:

“Drenaje Linfático Manual, método original Dr. Vodder”. Autoras: Dra. Adora Fernández y Conxita Lozano

Guyton. Tratado de fisiología médica

Arseni Sánchez y Marifé López

Espai Manual

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