Las personas que padecen este transtorno del sueño pueden ver alteradas prácticamente todas las facetas de su vida. Es una disfunción que necesita un diagnóstico médico, dada su complejidad, pero además de los tratamientos médicos y farmacológicos, existen alternativas terapéuticas que pueden complementar estos tratamientos o bien tener un efecto muy beneficioso por sí solas, como por ejemplo, la Reflexología.
¿Por qué? Vamos a explicarlo en este post.  

El insomnio consiste, básicamente, en la disminución de la capacidad para dormir. Las causas que lo provocan, pueden ser muchas y muy diversas. Es una alteración compleja y por ello, su clasificación también lo es.
Se calcula que un 15%, aproximadamente, de la población adulta en nuestra sociedad, lo sufre y puede afectar considerablemente a la vida de la persona que lo padece, alterándola en todas sus facetas.

Según los expertos, las personas con insomnio crónico presentan niveles de ansiedad más elevados, tienen más dificultad en la gestión emocional y sienten que su salud se resiente. También pueden alterar su capacidad de atención y su velocidad de reacción.

Obviamente existen tratamientos médicos, clínicos y farmacológicos que tratan este problema, pero también hay otras técnicas terapéuticas, no farmacológicas, que en algunos casos pueden llegar a ser muy eficaces, entre ellas la Reflexología.

Cuando trabajamos con una técnica manual, como sería el caso de la Reflexología, si el paciente se está medicando, la técnica manual sería complementaria al tratamiento médico, pero nunca sustitutiva del mismo, a menos que sea el propio médico quien determine que el paciente está mejorando y puede dejar la medicación.

¿Cómo funciona la Reflexología?

Es una técnica manual que fomenta la homeostasis, es decir, ayuda a mantener el equilibrio fisiológico en el interior de nuestro organismo. Este efecto, aparentemente simple, es importantísimo cuando este equilibrio está alterado, condición que se da ante cualquier problema de nuestra salud.

El trabajo reflexológico consiste en estimular, mediante presiones muy concretas, puntos determinados en algunas zonas de nuestro cuerpo (normalmente pies, manos o cara, entre otras) con el objetivo de generar un efecto general y/o local, pero a distancia de la zona que hemos presionado.
El desarrollo embrionario de cada especie determina la manera como se disponen los tejidos en nuestro organismo. De tres capas primigenias: endodermo, mesodermo y ectodermo, se crearán todos y cada uno de los tejidos, sistemas y órganos que nos conforman. Este hecho explica el por qué zonas alejadas pueden tener una potente relación entre ellas, y este es el principio que nutre la Reflexología.

¿Por qué la Reflexología puede ayudar en una persona con insomnio?

El estrés, con las alteraciones neurofisiológicas que implica, es una de las causas más frecuentes de insomnio.
Mediante la Reflexología, se promueve la homeostasis o “equilibrio” y esta regulación disminuye los niveles de estrés. Como consecuencia, puede mejorarse la calidad del sueño. Si el motivo de este insomnio es el estrés, el trabajo reflexológico puede dar un excelente resultado.

En una pauta general de masaje con Reflexología para estos casos, no puede faltar el trabajo completo sobre el Sistema nervioso, tanto central como autónomo, y de forma concreta incidiendo particularmente sobre los puntos de hipófisis, hipotálamo y sobre todo epífisis o glándula pineal, centro endocrino y neuronal con importancia capital en los patrones de sueño.
El Sistema endocrino también se trabajará, por su estrecha relación con el Sistema nervioso y su implicación en todos los mecanismos de regulación y control del organismo. Además de estos dos grandes sistemas, pueden estimularse otros, pero siempre estarán supeditados a los dos anteriores: nervioso y endocrino.

La epífisis o glándula pineal, ubicada entre los dos hemisferios cerebrales, secreta una hormona: melatonina, cuya función es modular y regular las horas de sueño, los ciclos circadianos (ciclos de vigilia/sueño) y estacionales; todos ellos determinados por las horas de luz a las que estamos expuestos. Cuando la intensidad de luz disminuye, se estimula la secreción de melatonina por la glándula pineal, preparándonos para dormir. Por el contrario, la presencia de luz inhibe la producción de melatonina, hecho que prepara el organismo para la actividad.

En un masaje reflexológico, además de tener una pauta general de trabajo, será importantísimo valorar, para cada persona, qué puntos le resultan más dolorosos, ya que éstos nos estarán dando información acerca de dónde pueden existir posibles desequilibrios. Siempre deberemos tenerlos en cuenta, aunque no pertenezcan a la pauta general.
No olvidemos que cada persona es diferente y que en realidad no trabajamos sobre “una patología”, si no sobre una persona que tiene una patología.

Marifé López
Licenciada en Biología
Profesora de técnicas manuales en Espai Manual Barcelona

 

 

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